Empiezo a dudar Fierro. No se a dónde nos va a llevar este viaje. No te lo he dicho para no desanimarte, pero a veces me apetece abandonar. Mas entonces, en esos momentos, miro dentro de tus ojos, tu inocente mirada, pura, sin juicios… y en ese instante, una gran energía hace vibrar mi cuerpo. Tú me das vida Fierro. Contigo al lado, hay algo por lo que luchar.
¡Mira Fierro, un ciudadano!
Los dragones se han apoderado de la basílica. Pobre gente; el único sitio dónde al menos poder alimentar sus corazones, y también pretenden destruirlo. ¡IMPIDÁMOSLO!
¡Ya hemos dejado atrás las montañas Fierro!; y con ellas este largo invierno. Aunque ahora que lo pienso, no recuerdo exactamente como hemos llegado hasta aquí. Andaba entre sueños. Bueno, ¿eso qué importa ahora? Lo importante es llegar a la provincia, la gente de estos campos nos ayudará.
Mmm… No veo ningún hombre de campo, ni siquiera hay pastores con sus rebaños cerca, pues ni se ven, ni se oyen.
*Crees que me conoces, pero no es así. Pensarás que soy un recuerdo… pero tampoco eso es cierto. No soy más que una vaga ilusión, fruto de tu mente. Soy un viajero atemporal. Te esfuerzas por ubicarme en un escenario, pero no comprendes que no estoy en ninguna parte… que estoy en todas. Llámame mensajero si quieres, pues no es accidental lo que voy a decirte. Recuerda… los árboles no dejan ver el bosque.*